IGLESIA DE SANTIAGO EL MAYOR

En el corazón del casco histórico de Sangüesa se alza la iglesia parroquial dedicada al Apóstol Santiago. El templo fue levantado gracias a la profunda fe de las gentes de esta ciudad y visitado a lo largo de los siglos por feligreses, innumerables viajeros y peregrinos en su camino rumbo a Compostela, en busca de momentos de paz, recogimiento y oración.

Te damos la bienvenida y te invitamos a visitar este magnífico templo rebosante de historia y espiritualidad. La primera mención a la Iglesia de Santiago El Mayor se encuentra en un documento del obispo Sancho de Pamplona del año 1135, por lo que su origen se remonta al siglo XII. Fue proyectada como iglesia-fortaleza unida a la muralla. El templo se levantó en distintas fases entre los siglo XII y XIII. Primeramente, fue construida la cabecera con triple ábside semicircular y la portada principal, en estilo románico tardío, mientras que en el siglo XIII se erigieron las tres naves ya en estilo gótico. No fue hasta 1365 cuando se dio por finalizada la obra con la construcción de la enorme torre prismática almenada que emerge del presbiterio.

Antes de acceder al templo, contemplemos su sobria portada principal cuyas seis columnas adosadas con delicadas arquivoltas y capiteles sostienen el tímpano. En él, descubrimos la imagen policromada del Apóstol Santiago. Una concha, símbolo de la Ruta Jacobea, le sirve de peana. Le flanquean dos peregrinos arrodillados que parecen solicitar su intercesión, y al igual que el Apóstol, visten la indumentaria típica de los peregrinos a Compostela: capa, esclavina, concha y bordón.

Crucemos el umbral que da acceso al recinto sacro. Como puedes advertir, el interior del templo es solemne y espacioso, de planta basilical de tres naves, siendo la central más alta que las laterales y rematadas con bóvedas de crucería. Los capiteles y muros están decorados con diversos motivos y símbolos de inspiración jacobea, como conchas o bordones. Comencemos nuestra visita dirigiéndonos a la nave de la Epístola situada a la derecha. Aquí se encuentra el “Cristo de los Remedios” de gran devoción entre los habitantes de Sangüesa. A la izquierda del crucificado hay una caja metálica donde depositando una moneda de un euro disfrutará de tres minutos de iluminación de toda la iglesia. El acceso a la capilla contigua está flanqueada por unas rejas de forma semicircular pertenecientes a los antiguos púlpitos de la iglesia que, tras la reforma de 1971, cayeron en desuso por la introducción de un sistema de sonido más moderno. Y a ambos lados de estas “rejas”, se sitúan la imagen de la Virgen del Carmen y el lienzo de Jesús de la Divina Misericordia. En la capilla se encuentran las imágenes de Cristo crucificado y la Virgen de los Dolores, la Madre del Señor doliente ante la Pasión y Muerte de su hijo. En el muro izquierdo, vemos un sencillo retablo con la talla del apóstol San Pedro portando las sagradas escrituras y la cruz pontificia.

A continuación, hacia la siguiente capilla y a ambos lados de un sobrio enrejado podemos ver las efigies de Santa Teresa de Jesús y Santo Domingo de Guzmán, fundadores respectivamente de la Orden de los Carmelitas descalzos y Dominicos. Estos santos custodian el acceso de la capilla de San Román, patrón de los hortelanos de Sangüesa. Estos fueron quienes levantaron en su honor esta amplia capilla adosada al muro sur del templo. El retablo de San Román es de estilo barroco y fue realizado por el maestro Pedro Onofre Coll en 1722 por un precio de 225 ducados. Está estructurado con un cuerpo, dividido en tres calles y se adapta al fondo de la capilla. En la parte inferior se encuentran las reliquias del mártir traídas desde Roma en el siglo XVIII por una fiel sangüesina. Sobre ella, ocupando la hornacina central se halla el busto de San Román con la vestimenta de soldado romano y con la palma martirial en su mano. Lo flanquean las efigies de San Juan Bautista y San Blas, entre columnas salomónicas, y dos altorrelieves con escenas de la vida del santo; “La conversión de San Román en el martirio de San Lorenzo” donde San Román y un ángel le asisten mientras los verdugos atizan el fuego y “San Román, ante el Juez, es condenado a muerte”. San Román admiró la valentía y la fe de San Lorenzo e inspirado por el Señor y por el ejemplo que veía, aceptó a Jesucristo en su corazón. Esta actitud le llevó a la conversión y a dar su vida por Él. Puede verse en el primer altorrelieve que el protagonista de la escena no es San Lorenzo siendo martirizado, sino San Román en su conversión. Los rayos de luz iluminan a este personaje desde el ángulo superior izquierdo dándonos a entender que Dios ha tocado el corazón de aquel verdugo que se convertiría en santo. En el cuerpo superior advertimos la efigie de San Lorenzo, mientras que el conjunto es coronado por el relieve del “Martirio de San Román” dentro de un delicado óvalo que pasa desapercibido por sus pequeñas dimensiones. La excelencia del conjunto se incrementa con la llamativa decoración pictórica de su cúpula. En ella, se representa al santo con la palma de su triunfo, arrodillado sobre una nube en su llegada al Cielo, mientras las pechinas que sustentan tan suntuosa cúpula se representan santos relacionados con la ciudad: Santiago, San José, San Martín Obispo y San Sebastián.

En la capilla adyacente se encuentra el retablo dedicado al Sagrado Corazón de Jesús. Cristo nos muestra su corazón ardiente de Amor y quiere ser invitación a entrar en el gran misterio de su infinito Amor por cada uno de nosotros. En la parte superior descubrimos las tallas de San Franco y Santa Teresita de Lisieux acompañando a Nuestra Señora del Sagrado Corazón de Jesús, pues el niño lleva en su mano el corazón.

Ya en la cabecera del templo, en el ábside derecho, se halla la monumental escultura pétrea del Apóstol Santiago que sorprende por su gran envergadura de casi dos metros. Realizada a finales del siglo XIII en estilo gótico, representa a Santiago Peregrino en posición de caminar. En su mano izquierda, porta los Evangelios y en su diestra, el bordón de peregrino. Notable es su cabeza y su rostro ovalado con cejas arqueadas, ojos almendrados y barba de rizo geométrico, rasgos propios de la escultura francesa del momento. Es considerada una de las esculturas del Apóstol más relevantes del Camino de Santiago. La talla permaneció oculta hasta que en el año 1964 fue descubierta enterrada en una capilla adyacente.

Después de este recorrido por la nave de la epístola y de descubrir temas y figuras que quizás desconocías, llegamos a la cabecera del templo, en cuyo ábside se encuentra el retablo mayor dedicado al Apóstol Santiago, titular de la parroquia. Es una excelente obra concluida en 1773 y que destaca por su homogeneidad. Se integra con armonía en la cabecera románica del templo, siendo uno de los primeros retablos de estilo rococó de Navarra. A pesar de ser el retablo de Santiago, es la bella imagen sedente de la Virgen de Belén la que ocupa la hornacina central. Parece como si el santo hubiese querido ceder el protagonismo a nuestra madre. Flanqueando la imagen de Nuestra Señora, se encuentran las correspondientes a los patronos de Navarra, San Francisco Javier y San Fermín. En el cuerpo superior podemos advertir la imagen de Santiago Apóstol, a quien está consagrado el templo, junto a San Juan y San Pedro, los tres apóstoles más cercanos del Señor. Corona el conjunto la figura del Padre Eterno representado como en la visión del profeta Ezequiel; un anciano con barba cana que sujeta una esfera del mundo, mientras que con su diestra nos bendice levantando tres de sus dedos. Esta imagen es todo un cúmulo de signos trinitarios.

En la parte inferior de este magnífico retablo, a los pies de la imagen de Nuestra Señora, parece pasar inadvertido el mayor tesoro que podemos encontrar en el templo, la Presencia Eucarística del Señor en el Sagrario. Cristo vivo nos ha salvado y redimido, nos ha regalado gratuitamente la vida eterna y está siempre a nuestro lado.

A nuestra espalda se halla el rosetón perteneciente a la clausurada iglesia de las Hermanitas de los Pobres de Pamplona. Fue trasladado a comienzos de siglo con cierta controversia, dada las diferencias de época y estilo, pero que otorga una mayor luminosidad al recinto sacro. Proseguimos nuestra visita dirigiéndonos a la nave del Evangelio. En su cabecera se encuentra la efigie saeteada de San Sebastián, mártir con gran devoción por ser patrono de Sangüesa y protector contra la peste.

Dejando a nuestro paso el órgano parroquial, la delicada talla de Nuestra Señora de Fátima y el curioso relieve barroco de San Gil que porta báculo, libro y un ciervo a sus pies, llegamos a la capilla lateral donde se encuentra la sobria pila bautismal con forma de copa. En ella, durante generaciones, los hijos de Sangüesa han recibido el bautismo. Este sacramento es el fundamento de toda vida cristiana, pórtico de la vida en el Espíritu y puerta de acceso al resto de sacramentos. Por el Bautismo que aquí se recibe, somos liberados del pecado para ser miembros de Cristo e incorporados a su Iglesia.

En el muro derecho se encuentran las tallas de San Ramón Nonato, patrón de las embarazadas y, sobre una columna, San Luis Gonzaga, protector de la vida y patrono de la juventud. A continuación, se halla uno de los dos pequeños retablos aquí dispuestos. Es el retablo plateresco del siglo XVI dedicado a San Eloy, cuyo busto-relicario ocupa la hornacina central. Dada su condición episcopal, aparece con mitra y un martillo en su mano, distintivo del gremio de plateros y joyeros del cual es patrono. La cofradía de orfebres, numerosa y bien posicionada en aquellas épocas, costeó este magnífico retablo en su honor. En la parte inferior se representa “El Descendimiento del Señor” entre las tallas sedentes de los Cuatro Evangelistas; San Juan y San Marcos a la izquierda, y San Lucas y San Mateo a la derecha. En el primer cuerpo, a ambos lados de San Eloy, distinguimos a San Agustín y San Antonio Abad, y a San Francisco de Asís y Santo Domingo. En el segundo cuerpo, Santa Bárbara y Santa Lucía, y Santa Águeda y otra Santa mártir, mientras que un Calvario remata el conjunto. La restauración de este retablo y la separación respecto de la pared para protegerlo de la humedad costó más de 6.000 euros en el año 2022 a los feligreses de Sangüesa. Gracias a la generosidad de los creyentes podemos disfrutar de estos tesoros artísticos.

El siguiente retablo, de un solo cuerpo, está dedicado a San Martín Obispo, acompañado por las figuras de San Juan Bautista y San José con el Niño Jesús de su mano. Está rematado, entre escudos heráldicos, por el relieve de Santa María Magdalena. Entre ambos retablos advertimos las tallas de San Jorge a caballo y San Antonio Abad.

Seguramente has observado, distribuidos en los muros laterales del templo, los relieves de las catorce estaciones del VIA CRUCIS. En muchas ocasiones parece que el acompañamiento a Jesús en su Pasión y Muerte termina en el sepulcro, olvidando que la Cruz no es una derrota sino la antesala del triunfo definitivo sobre la muerte que llegará con su Resurrección. VIA LUCIS

Llegamos a la última capilla de esta nave, la más antigua del templo y cuyo retablo fue donación de D. Fermín de Lubian y Sos, que fue Prior de la catedral de Pamplona. Está consagrada a Nuestra Señora de las Nieves, cuya original talla preside el conjunto. Está escoltada por las esculturas barrocas de San José con el Niño Jesús en sus brazos y San Joaquín, padre de la Virgen María y por tanto, abuelo de Jesús. En el ático, entre las tallas de Santa EulaliaSan Andrés, primer apóstol elegido por Jesús, podemos distinguir un alto-relieve con la escena de La Visitación de la Virgen María a su prima Santa Isabel. Un fastuoso escudo perteneciente a la familia donante remata el conjunto.

En el muro lateral, sobre un fondo celeste, se encuentra la delicada imagen de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa acompañada por dos ángeles. Mientras, en la pequeña hornacina ubicada en el muro opuesto, descubrimos a la Virgen del Cisne, advocación mariana de gran devoción en Ecuador.

Nuestra visita donde hemos aunado arte y espiritualidad llega a su final. Esperamos que tu visita haya sido grata. Antes de abandonar el templo, construido por manos humanas para mayor Gloria de Dios, y proseguir tu camino, te invitamos a tener unos momentos de recogimiento y oración. Puedes sentarte en silencio ante la acogedora presencia de la Virgen María meditando su vida de entrega y gratitud, pedir la intercesión del Apóstol Santiago y alabar y acompañar al Señor en su Presencia Eucarística en el Sagrario. Para ello, ponemos a tu disposición algunas oraciones que pueden ayudarte en estos momentos. Del mismo modo, gracias a los diversos enlaces del texto, puedes profundizar en la vida de los Santos situados en los retablos del templo.

BENDICIÓN DE LOS PEREGRINOS

¡Oh Dios, que sacaste a tu siervo Abraham de la ciudad de Ur de los Caldeos, guardándolo en todas sus peregrinaciones, y que fuiste el guía del Pueblo hebreo a través del desierto! te pedimos que guardes a estos siervos tuyos que, por amor de tu Nombre peregrinan a Compostela.

Sé para ellos compañero en la marcha, guía en las encrucijadas, aliento en el cansancio, defensa en los peligros, albergue en el camino, sombra en el calor, luz en la oscuridad, consuelo en sus desalientos y firmeza en sus propósitos; para que, por tu guía, lleguen incólumes al término de su camino y, enriquecidos de gracias y virtudes, vuelvan sanos y salvos a sus casas llenos de saludable y perenne alegría. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.

ORACIÓN AL APÓSTOL SANTIAGO

Hacia ti y contigo, Santiago, cada peregrino encuentra su propio milagro. En ti y contigo, Santiago, quien mira hacia el cielo siente que está llamado a vivir con Cristo, a sentir y avanzar por los caminos de la vida, con Aquel que, en el camino, dejó una cruz con su sello.

Apóstol Santiago, elegido entre los primeros, tú fuiste el primero en beber el cáliz del Señor y eres el gran protector de los peregrinos: haznos fuertes en la fe y alegres en la esperanza, en nuestro caminar de peregrinos siguiendo el camino de la vida cristiana y aliéntanos para que, finalmente, alcancemos la gloria de Dios Padre. Amén.

“Ahora permanecen estas tres cosas; la fe, la esperanza y la caridad. Pero la más excelente de ellas es la CARIDAD.”

I Corintios 13, 13


Si puedes mucho; mucho. Si puedes poco; poco. Si no puedes nada; nada.

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